Siempre he querido viajar fuera de España y conocer las formas de vida que se esconden más allá de nuestras fronteras. En concreto, Marruecos despertaba en mí un cierto interés, ya que había oído hablar de él por mi familia. El instituto me brindó la oportunidad de poder conocer este maravilloso país y a su maravillosa gente.

 

 

Llegado el día de comenzar el viaje, en mí ya se habían acumulado numerosas preguntas referidas a las costumbres, la manera de vestir de las mujeres, la comida, la arquitectura, la religión, etc. Cuestiones que esperaba responder una vez cruzado el estrecho.

 

 

Ya en el barco, acercándonos cada vez más a África, algunas de estas preguntas fueron respondidas y una vez llegado a Tánger, me impresionó enormemente el contraste total entre dos lugares que tan solo lo separaban 40 minutos en barco. Una vez bajado de éste, se acercaba el momento de conocer a los chavales marroquíes. No hizo falta mucho tiempo para establecer una amistad. Tenían la amabilidad presente en cualquier momento, siempre ofreciendo cualquier cosa que se pudiera compartir. Eran muy carismáticos y simpáticos, siempre bailando y cantando ya sea en un autobús o en una caja sin oxígeno, les daba igual, solo querían reír y pasarlo bien.

 

 

Cosas… como el comercio distinto al acostumbrado, por medio de regateo, los rezos de las mezquitas a altas horas de la madrugada, sus calles, su arquitectura árabe, su vestimenta y su escritura hacen de Marruecos un lugar mágico. Y otras cosas como la pobreza y los métodos por cuales estas personas utilizan para intentar sacar una vida adelante poniéndola en peligro, los recursos que buscan muchas personas y nosotros no valoramos (educación, vivienda y alimentación) te hace parar a pensar y entender de alguna manera muy remota como es la vida de una persona que no ha tenido la suerte de nacer en el entorno y en el tiempo adecuado ya sea en Marruecos o en cualquier otro país. En definitiva este viaje te da la posibilidad de aprender muchísimo en cuanto a valores y crecer como persona.

 

 

Yo pienso que hay dos maneras de conocer un país: Conocer sus ciudades y conocer a sus habitantes. En este caso me llevo las dos en el corazón.

 

Por ultimo querría darle mis agradecimientos a los profesores españoles y marroquíes por su buen trabajo, ya que gracias a ellos se me ha dado la oportunidad de hacer este fantástico viaje y a los alumnos marroquíes por abrirnos las puertas de su país y de sus corazones.