Cuando se espera que vengan invitados a cenar, hay que ser cuidadoso con los detalles. Nunca se sabe en qué se fijarán, ni cuáles serán sus platos favoritos. Lo único que se puede hacer es poner cariño y dedicación en los preparativos y esperar que todo salga bien.



 

Hacía dos años que no realizábamos el proyecto y siempre es una incógnita lo que pueda suceder, un interminable mes de lluvias, con un mar furioso, presagiaba un cielo nublado y unos días de recogimiento y sosiego. Sin embargo, el viernes cuando partimos hacia la otro orilla, la mar se tranquilizó y el cielo se tornó claridad. Sin merecerlo, casi sin desearlo, nos encontramos con un campo pintado de intensos colores y un país lleno de vida y alegría.



 

Cuando llegan los invitados se les debe esperar con cortesía y hay que cuidar que se encuentren cómodos. A veces, en contadas ocasiones, surge la magia y todo se torna fantástico, casi irreal, y ocurren cosas que se quedan grabadas para toda la vida.



 

Y así fue como al llegar a Tánger los alumnos y profesores marroquíes nos recibieron con sus mejores galas, allí estaban sin nada que esconder, con el alma en la mano y una ilusión que nos envolvió desde el principio. Es como si nos hubieran echado una gran sábana de terciopelo encima, con ellos dentro, para enseñarnos, en un torbellino de sensaciones, un mundo ignorado y secreto para nosotros. Y así fue como la magia nos acompañó todo el viaje y aún hoy nos envuelve.



 

Las experiencias que no se pueden explicar son las que te cambian la percepción del mundo para convertirte en alguien distinto y más sabio. Ésta ha sido una de esas experiencias.



 

Gracias a todos los alumnos que han participado en el proyecto y a las madres, padres, profesores y equipo directivo que han permitido que haya sido posible.