Del viaje a Marruecos entre los días 20 y 26 de marzo 2010.

 

¡Salam aleikum mis hermanos y hermanas!

Cada año me cuesta más escribir este diario. Y no porque tenga menos cosas que contar, o porque le experiencia sea pobre; todo lo contrario: porque cada año que pasa, cada convivencia que realizamos Sevilla y Larache, acorta un poco más la distancia que nos separa, va eliminando las barreras y las trabas que zancadillean la convivencia.

En esta ocasión, lo importante han sido las PERSONAS, pues de una suma de individuos con poco o nada en común hemos conseguido una gran familia, y donde, por primera vez, no existían las diferencias insalvables, en ninguna de las dos orillas.

Se quedan atrás personas que son más que amigos, amigos que son como hermanos, hermanos que me acompañarán para siempre y que forman parte de la historia de mi vida. Todos ellos merecen un pedacito de este espacio que la vida me regala, y que quiero, un año más, dedicarles a ellos:

Omar, mi hermano marroquí, no tengo palabras para mostrarle mi cariño y agradecimiento;

Mihaela, “¡MI PRIMA!”, que ha conseguido conquistar una parcela de mi corazón;

Mónica, por tu sonrisa, tu buen humor, tus contestaciones, tus bromas,… por toda tú, mil gracias por estar ahí;

Imad, amigo de corazón que nos ha acompañado, ayudado y alegrado todos los momentos;

Widad, porque me has demostrado que sólo se necesitan unas horas para encontrar amigos de verdad, y por todos los buenos ratos que hemos pasado juntos (incluidos los mareos del bus…);

Ela, porque la diferencia que nos separa del resto nos une;

Israel, porque no creía en el “reciclaje” de amistades hasta que me he vuelto a encontrar contigo, gracias por volver a mi vida;

Najla, gracias por tu cariño y por tu amistad, de incalculable valor;

Juana, porque he tenido la oportunidad de disfrutarte más en este viaje, y enriquecernos juntos y porque espero que volvamos a ser compañeros de viaje en el futuro;

Ibrahim, le doy gracias a vuestro Dios por habernos reencontrado, y por volver a disfrutar de tu compañía;

Manuel, sin tus bromas y tu arte esto no hubiera sido lo mismo;

Joselu, porque las bromas se olvidan, pero la gente como tú no;

Las 6 “fantásticas”: Anna, Rachida, Youssra, Khadiya, Soukayna y Aicha, por las invitaciones, por arroparnos, por querernos,… por todo, siempre estaréis en mi corazón;

Miguel, porque gente como tú es la que, sin hacer ruido, hace que esto merezca la pena;

DaniLargo”, por todo lo contrario: sin gente “ruidosa” como tú no podríamos hacer nada de esto; gracias por tu cariño sincero;

Khadiya, Hafsa y Yaiza, por acompañarnos y alegrarnos cada momento juntos;

Pablo y Sergio, Sergio y Pablo, no se entiende el uno sin el otro, pero desde la discreción habéis conquistado un lugar privilegiado en el recuerdo de todos nosotros.

Amin “Largo” (para mí ese será tu nombre para siempre), porque ya eres uno más del grupo sevillano;

Mª Jose y Bea, al principio para mí vuestra presencia fue testimonial, pero poco a poco os habéis convertido en algo muy importante;

Ale, porque después de tantos años es como si no hubiera pasado ninguno; y Adri, el “conquistador”, que va rompiendo corazones con su cariño y cercanía;

Fadua, Soukayna, Sanae, Sarah Omar “pequeño”, Vilel, Abdemmasser, Suhey, y otros muchos que nos acompañaron en este viaje y en el anterior, porque sin vosotros no hubiera sido lo mismo;

Hans; gracias por tus bromas y tu humor socarrón, y Dani, que desde la discreción hace grupo;

Y Macarena y Ángel, cuyo paso ha pasado bastante desapercibido en los momentos iniciales, pero que descubrieron la riqueza de este mundo en nuestra compañía.

Vuestras sonrisas están grabadas a fuego en mis retinas para siempre.

También me gustaría agradecer a los profesores larachenses: Ahmed, Acnur Radmuni y el incombustible Said, faro y guía de nuestras aventuras en estas tierras. Y, por supuesto, a los “profes” sevillanos, que con su enorme esfuerzo hacen que todo esto sea posible año tras año: millones de gracias de todo corazón para los cuatro: César, Adolfo, Rafael y Jesús.

En último lugar, recordar y agradecer a Yunes su ayuda en el transporte, que ha hecho posible que viajáramos todos juntos llegando sanos y salvos a casa, a Yebari por su hospitalidad, cariño, comprensión y colaboración en nuestros negocios; al dueño del Hotel Essalam que tanto nos ha aguantado y que tan bien se ha portado con nosotros; y al personal de la cafetería, que siempre atento y servicial, ha alimentado a nuestros hambrientos estómagos todas las mañanas.

Todos ellos son y serán pedazos de mi historia, y aunque olvide nombrar a algunos, siempre estarán en mi corazón.

Para conocer los detalles de esta nueva aventura, tenéis disponible el diario completo que este año lleva como título la frase que tengo grabada en mi cabeza: “Maldito mar que nos separa…